Sociedad de la información y Derecho

El problema jurídico de la manipulación de información personalSumario

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Resumen


1. El advenimiento de la sociedad de la información. 2. Información y desarrollo económico. 3. Las demandas individuales en la sociedad de la información. 4. El ordenamiento jurídico frente a la sociedad de la información. 5. Delimitación del campo de investigación.

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Sociedad de la información y Derecho

1. El advenimiento de la sociedad de la información

Hoy en día, hay quienes piensan y claman, a grandes voces, que nos encontramos inmersos en la sociedad de la información y quienes piensan que ésta es algo por llegar, o incluso una meta u objetivo a alcanzar1.

Ejemplos de la primera posición se encuentran en libros que comienzan con fallidos y apriorísticos intentos definitorios de la sociedad de la información, como éste: «nuevo modelo de organización industrial, cultural y social, caracterizado por el acercamiento de las personas a la información a través de las nuevas tecnologías de la información»2; o con puras manifestaciones de asombro, del todo entendibles, pero acaso exageradas, como las que siguen: «el hombre de hoy, sea o no consciente de ello, se encuentra sumido en una de las mayores revoluciones que ha vivido como ser histórico, mayor incluso que las que representaron la invención de la imprenta y la revolución industrial. Una revolución que, en puridad, supone la superación […] de ambas revoluciones»3.

Una línea de pensamiento similar se echa de ver en el Libro verde «sobre la información del sector público en la sociedad de la información», elaborado por la Comisión Europea en 1998, donde se consigna que «la nueva sociedad de la información, ampliamente impulsada por una utilización siempre creciente y penetrante de las tecnologías de la información y las comunicaciones, afecta cada vez más al sector público. Las administraciones siguen el ejemplo del sector privado y aprovechan el enorme potencial de estas tecnologías para aumentar su eficacia. Esta actividad se denomina a menudo «gobierno electrónico»»4.

Ejemplo de la segunda posición, en cambio, es un reciente documento publicado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe de Naciones Unidas (CEPAL)5, que presenta la sociedad de la información, discutiblemente y con tono promocional, como un grado de desarrollo utópico, como un programa o proyecto beneficioso para todos y anhelado por todos.

El anacrónico contexto en que se inscriben documentos como el que se acaba de citar puede ser descrito con las apreciaciones de un agudo autor que estimaba, más de veinte años atrás, que «una dilatada fase, caracterizada por la preeminencia de utopías negativas va siendo sustituida (o se hace el intento de sustituirla) por una en la que el acento cultural debería recaer, más bien, en consideraciones optimistas. Se trata, sin embargo, de un optimismo que no nace, como en el pasado, de una visión totalmente racionalizadora y tecnocrática, que a la larga se resolvía, exclusivamente, en la perspectiva de una sociedad más eficiente y ordenada. Ahora el optimismo se refiere al individuo, a la expansión de sus capacidades y posibilidades, las cuales resultarían ampliadas, justamente, por los medios puestos a su disposición por las nuevas tecnologías. […]. La gran masa de las innovaciones tecnológicas estaría en condición de incidir directamente en el funcionamiento del sistema político, y de dar vida a una «democracia electrónica», apta para disipar las pesadillas del «Gran Hermano»»6

La CEPAL declara adoptar una premisa que no se debe considerar inexacta en términos generales. En ella se expresa, irrebatiblemente, que «ni la mera producción de tecnología (ya sea hardware o software) ni la existencia de una infraestructura tecnológica conducen automáticamente a la creación de una sociedad de la información»7. Sólo que tal convencimiento es instrumentalizado con fines políticos y de auspicio de la globalización, a tal punto que se termina hablando de «facilidades», de «obstáculos» y hasta de «amenazas» a la «transición a la sociedad de la información y a la era digital», del «esfuerzo que supone construir una sociedad de la información», al tiempo que se anuncia, con un énfasis que recuerda al de los profetas de la antigüedad, que «los países de la región que logren ser miembros plenos de la sociedad de la información tendrán ante sí oportunidades reales y promisorias. Quizá no haya habido antes en su historia una ocasión tan tangible como la act...

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