Cuando la gente se equivoca La asimetría y los defectos de información en la contratación

AutorAlfredo Bullard González
Cargo del AutorProfesor de Derecho Civil y Análisis Económico del Derecho en la Pontificia Universidad Católica del Perú y en la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas
Páginas439-496

Esta sección se basa en el artículo titulado «La asimetría de información en la contratación. A propósito del dolo omisivo», publicado en el libro Contratación Contemporánea, Palestra Editores y Editorial Temis, 2000. Ha sido complementado con el importante aporte y colaboración de Domingo RIVAROLA.

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Durante el verano de 1966 el Sr. Paul Curtis contactó al Sr. Robert Chapman mostrándole interés en comprar un terreno de diez acres en Lake County, Orlando, Estados Unidos. Curtis era un conocido corredor de inmuebles de la zona. Chapman también era corredor. En agosto de 1966 se cerró el trato. El precio pagado fue de US $ 47,500, que de acuerdo a condiciones de mercado de aquel entonces representaba un precio equivalente a una vez y media el valor del terreno. Chapman consideró que habían hecho un excelente negocio.

Posteriormente se descubrió que Curtis conocía un dato importante desconocido por Chapman: Walt Disney había considerado construir Disneyworld en la zona. El impacto de tal decisión en el valor de los inmuebles del lugar, incluido el que fue objeto de la operación, fue impresionante. Los precios se multiplicaron varias veces por simplemente con la difusión de la noticia. Page 440

Chapman interpuso una demanda para dejar sin efecto el contrato sosteniendo que Curtis tenía una obligación de revelar la información con la que contaba al momento en que se realizó la operación, a fin de que pudiera estar informado de las auténticas condiciones de la operación y de sus efectos en el valor del inmueble. Sostenía pues que el silencio de Curtis lo había inducido a error y por ello el contrato debía ser dejado sin efecto.

En primera instancia la Corte determinó que Curtis había incumplido el deber de informar a Chapman sobre la futura construcción de Disneyworld y por tanto amparó la demanda de Chapman. Sin embargo, en segunda instancia la Corte de Apelaciones estableció que no existía nada deshonesto ni injusto en la conducta de Curtis y que las partes negociaron en igualdad de oportunidades, por lo que el contrato era perfectamente válido1.

Fred Obne y su esposa interpusieron una demanda contra Robert Schlemeyer y su esposa a fin de recobrar los daños ocasionados por la venta de un departamento que los primeros compraron a los segundos y que resultó infestado de termitas. Los demandados conocían esta situación, pero guardaron silencio al momento de la operación. Tanto la Corte en primera instancia, como la Corte de Apelaciones consideraron que la conducta de los Schlemeyer constituía un caso de fraude2 o actuación dolosa y concedieron los daños solicitados por los demandantes3.

Ambos casos tienen en común el referirse a una situación de información asimétrica, es decir, una situación en la que una de las partes en el negocio jurídico conocía información que era ignorada por la otra y que hubiera tenido efectos en los términos del contrato celebrado. Así, la contraparte hubiera probablemente pactado en condiciones diferentes de haber tenido conocimiento de la información omitida. En ninguno de los casos se mintió expresamente. Simplemente se guardó silencio. Sólo se dijo lo indispensable pero se dejó de decir algunas cosas importantes. Sin embargo, el resultado final de ambos casos fue distinto. Mientras en el primero la pretensión del demandante fue rechazada, en el segundo fue acogida. Si uno analiza el caso encuentra algo de sentido en cómo fueron resueltos, pero no será fácil definir conceptualmente por qué resultados distintos se derivan de eventos substancialmente similares. Page 441

Existen numerosos trabajos y estudios sobre información asimétrica en la contratación, pero referidos normalmente a casos de protección al consumidor y contratación masiva. Sin embargo, el problema derivado de que una parte cuente con más información que la otra se presenta en otros ámbitos, que incluyen la contratación paritaria. Las instituciones del error y el dolo en el negocio jurídico parecerían estar diseñadas para lidiar con esta problemática, por lo menos en aquellos defectos de información intrínsecos a la propia estructura del contrato.

Sin embargo, consideramos que el desarrollo conceptual que se ha hecho sobre estos problemas es poco claro y sobre todo disfuncional. No existen muchos trabajos que arrojen luces sobre cuáles son los efectos de la aplicación de estas instituciones en el funcionamiento de los mercados y en su eficiencia.

Las figuras del error y el dolo trabajan con un insumo básico en la formación de toda relación contractual: la información. Es tan básico que si no existiera información no habría contrato posible. Nadie compra una casa sin saber quién es el propietario, cuál es su situación legal, cuál es su estado de conservación, etc. La información es pues un elemento insustituible.

Pero contar con información tiene un costo. La información no se crea en el vacío. Desde la contratación de abogados para determinar la situación de un bien, la identificación entre las partes, la revisión de ofertas, la difusión de publicidad, el tiempo de estudio y búsqueda, etc., generan costos para la sociedad, y en particular para las partes. Como todo costo, su reducción será positiva y el Derecho está en capacidad de reducir esos costos estableciendo incentivos adecuados mediante el uso de reglas legales. Por ello, el tema del error y el dolo en los contratos tiene que ver con la reducción o incremento de los costos de información en la sociedad y no solamente, como parecería decir la mayoría de la doctrina, con la justicia del caso concreto. El adecuado diseño de estas instituciones se vincula pues con las propias bases de un buen funcionamiento del mercado4.

La presente sección pretende acercarse al problema desde la perspectiva propuesta, tratando de analizar las consecuencias en eficiencia de un inadecuado diseño institucional de las figuras del error y el dolo. Se pondrá especial incidencia en el tema del dolo omisivo, porque él permite entender mejor los alcances de la asimetría informativa. Ello además se verá a la luz de la llamada responsabilidad precontractual. Sobre la base de este Page 442 análisis trataremos de identificar las razones que podrían explicar por qué el caso de Disneyworld pudo recibir un trato distinto al caso de las termitas, si es que esa distinción tiene efectivamente una razón de ser.

Como también veremos la asimetría informativa plantea relaciones con otros dos temas ya tratados en este libro. En primer lugar, la teoría de la imprevisión, es decir, excesiva onerosidad, imposibilidad sobreviniente y frustración del fin de contrato (que también llevan implícitas un problema de obligación de informar en algunos casos). En segundo lugar la interpretación, en la que, como vimos en la sección anterior, los sistemas legales crean también obligaciones de hablar con claridad para evitar imprecisiones en los contratos. Para quien ya ha leído las secciones pertinentes de este libro será fácil advertir que buena parte de los problemas de imprevisión e interpretación son problemas de información de las partes y de los costos de transacción que la escasa información significa y de cómo se relaciona la información con los costos de negociación de un contrato. Podremos advertir que los problemas de imprevisión, interpretación y de error y dolo, se originan durante la etapa precontractual, en el sentido que es la información usada en dicha etapa la que finalmente determina que el problema se presente cuando comienza la ejecución del contrato. Quizás sea interesante trabajar en el futuro en una teoría unificada de estas instituciones.

I La información como un bien

La información puede ser definida conceptualmente como un bien, en cuanto tiene un valor económico determinado por las circunstancias y por la utilidad que tiene para los particulares. Así, por ejemplo, un «dato» en las carreras de caballos tiene un determinado valor. La información sobre una casa cuyo titular es plenamente conocido, aumenta el valor de la misma. Una invención no es otra cosa que información de cómo darle utilidad a cierto conocimiento, y que tiene un valor en sí misma. Una primicia para un periódico tiene un valor que se refleja en mayores ventas del mismo.

Como con cualquier bien, el uso exclusivo de la información aumenta o reduce el valor de la misma. Sin duda la exclusividad reconocida para el uso de una casa es el basamento de su valor económico. Si el titular no pudiera excluir a los demás el valor económico de la casa caería dramáticamente. La primicia para un periódico, en tanto sea exclusiva, puede valer mucho. Pero una vez publicada su valor se pierde y el «informante» no podrá volver a vender la información, por lo menos al mismo precio, pues otros medios estarán en posibilidad de difundirla. Se vuelve un bien público. Page 443

La información tiene además una característica especial. Si una casa es convertida en bien público (porque se convierte en un parque), luego puede regresársele ese carácter dándole nuevamente al titular de la misma la posibilidad de excluir a los demás. En cambio, con la información ocurre algo diferente. Una vez publicada, su valor difícilmente podrá recuperarse. El costo de devolverle el carácter de bien privado puede ser prohibitivo.

Este principio admite, sin embargo, algunas excepciones...

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