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El espia que vino de Chile.
En 1979, en plena dictadura de Pinochet (toque de queda a la medianoche, universidades intervenidas, ese > del que nadie retorna), un joven demasiado delgado y con acné cruzó la frontera con el Perú, por Tacna. Tenía 19 años y al hacerlo sintió que no había llegado al extranjero, sino que había cruzado hacia la libertad.
Nadie rebaje a mito o melancolía esta evocación de la maravillosa ingenuidad adolescente. En los años setenta del siglo pasado --y al decirlo parece que hubiera pasado un siglo--, el viaje iniciático, la peregrinación a Katmandú, el > de un joven chileno de clase media, con inclinaciones literarias, era ese viaje al Perú. Entiendo que ahora los adolescentes chilenos, a la menor provocación, se van a Miami a mirar gringas, o a Barcelona, para profundizar en el difícil arte del malabarismo callejero. Si alguno elige el Perú, lo más probable es que se trat...See the full content of this document
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