La democracia y el lugar de la ley

Democracia, ley e inmunidades del poderLa democracia y el lugar de la ley

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Resumen


Salutación. I. La democracia como destino actual. II. Los fundamentos teóricos de la democracia. III. La expresión técnica de la Declaración de Derechos de 1789. IV. La transposición del sistema revolucionario-napoleónico a la Restauración y a los Estados absolutistas del siglo XIX y la formación de los regímenes dualistas. V. La ley insustituible por ser expresión del principio democrático. VI. El problema de la crisis actual de la ley. VII. La democracia ac tual y la partidocracia. VIII. Principio democrático y papel de la ley.

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Extracto


La democracia y el lugar de la ley

Salutación

Sr. Presidente de la Academia Nacional de Derecho y Ciencias Sociales, Sres. académicos, señoras y señores:1

En mi primera visita a Córdoba, que tuvo lugar hace ya más de 15 años, esta Academia Nacional de Derecho me hizo el gran honor de nombrarme académico correspondiente. El magnífico jurista y gran caballero que es don Pedro José Frías presidía entonces esta institución, que está ligada a lo más profundo y verdadero de la historia jurídica argentina. Debo excusarme por haber ido demorando mi toma de posesión de esa condición de miembro asociado de esta Academia Nacional. Ahora lo hago, comenzando por expresar mi gratitud más honda por haber querido asociarme a esta Casa y a la gloriosa historia en que se apoya. Córdoba fue la primera Universidad argentina. Esa precedencia en el tiempo ha cuajado en la solidez y brillantez del Derecho que aquí se viene estudiando y trabajando durante ya casi cuatro siglos. Esta Academia Nacional es la crema de esa tradición gloriosa. Tantos nombres ilustres le han dado su carácter, su actividad ha expandido tal luz, que bien comprenderéis que me sienta, por una parte amedrentado por el formidable honor que me habéis hecho; por otra parte, lleno de gratitud a los colegas por haberme así destacado. Seré siempre consciente de que bajo la Cruz del Sur tendré, a partir de ahora, uno de mis hogares intelectuales, y en mi ánimo será siempre vivo el agradecimiento por este generoso acogimiento que me hacéis y por los lazos fraternales que con ello se han creado para siempre entre nosotros.

Gracias también al profesor Antonio María Hernández, a quien conocí con ocasión de mi primera visita a esta ciudad, por las amables, y sin duda excesivas, palabras con que acaba de presentarme ante Uds. La amistad que desde aquel lejano viaje nos une me temo que haya podido teñir de parcialidad la presentación que de mis supuestos méritos acaba de hacer. Mi mérito mayor es haber ganado entonces y haber mantenido viva hasta hoy una entrañable amistad, en la que entra destacadamente la sincera estimación que siento por sus posiciones de jurista completo y comprometido.

Mi discurso va a tratar...

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