Capítulo I. El problema de la fundamentación de una ética global

Justicia global: los límites del constitucionalismoSumario (2010)

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Resumen


I. Algunas posibilidades de fundamentación racional de una ética universal - 1.1. Una ética del discurso como ética de la corresponsabilidad - 1.2. El eterno cosmopolitismo - 1.3. El enfoque de las capacidades - 1.4. El contrato global - II. Bases para una solución pragmática del problema global - 2.1. Soluciones de consenso - a. El contrato en dos niveles de John Rawls - b. El minimalismo moral de Walzer - 2.2. Un cosmopolitismo parcial o el diseño de un modus vivendi

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Capítulo I. El problema de la fundamentación de una ética global

Capítulo I

El problema de la fundamentación de una ética global

V ivimos en un mundo complejo para el que muchas de las categorías conceptuales que han

alcanzado un alto nivel de desarrollo en la teoría moral y política resultan insuficientes o inadecuadas. Adaptar nuestras teorías a la realidad se convierte en una necesidad ineludible si deseamos evitar errores o manipulaciones ideológicas. Y ello se requiere especialmente en el complejo contexto estructural de la globalización en el que adquieren nuevo alcance y significado algunos de los conceptos morales tradicionales. La amplia literatura actual al respecto viene proporcionándonos relevantes análisis teóricos y prácticos para la reflexión y la acción sin que pueda hablarse, no obstante, de una teoría moral y política completa equiparable a la teorización que ha girado en torno al modelo del Estadonación. Por una parte, no se puede discernir un diagnóstico unitario del propio orden global contemporáneo, de su dimensión histórica y las actuales relaciones de poder que se entretejen en la realidad

económica, política y cultural actual, es decir, no hay un consenso manifiesto acerca de una teoría empírica del status quo; y, por otra parte, no existe unanimidad acerca de las propias categorías normativas aplicables, su objeto y alcance en ese contexto.

El proyecto de una ética global sugiere, en principio, un planteamiento filosófico acerca de la fundamentación racional de normas y principios universales, trayendo de nuevo a primer plano la discusión en torno a la distinción entre universalismo y particularismo. Sin embargo, no es ésta una época excesivamente dada a la búsqueda de justificaciones y principios últimos, y, en muchos casos, la reacción frente al pluralismo del orden social globalizado viene siendo una tendencia a reemplazar cualquier fundamentación filosófica de una moral universal por una concepción pragmática que prioriza el debate político sobre el filosófico.

Una fundamentación filosóficouniversalista de la ética global constituye un tipo de razonamiento que puede ser muy exigente en sus consecuencias, pero que se considera un a priori necesario para abordar el problema de la justicia en el ámbito global3. Desde esta

perspectiva, la posibilidad de determinar las condiciones morales y políticas que han de ordenar la sociedad global depende de la posibilidad de una fundamentación racional autónoma de una ética universal. Y esta tarea filosófica no se reduce a una propuesta teórica de interés académico, sino que se considera esencial para afrontar fundadamente los grandes desafíos de la realidad global actual. Junto a las recurrentes apelaciones al pragmatismo o al escepticismo ante la deteriorada situación internacional, algunas voces autorizadas de la filosofía moral y política contemporánea siguen reclamando como posible y necesaria una fundamentación última de las normas morales que privilegie la razón sobre la injusticia. La obra de KartOtto Apel viene siendo desde finales de la década de los sesenta un intento serio de fundar e implementar una ética global universalmente válida que atienda a las necesidades de la situación de globalización.

1.1. Una ética del discurso como ética de la corresponsabilidad

La ética del discurso se presenta como un modelo de reflexión racional de carácter pragmáticotrascendental que busca la reconstrucción de los presupuestos necesarios de la argumentación intersubjetiva. La validez de tales presupuestos es, por un lado, culturalmente independiente, pero, por otro, no tiene carácter metafísico o dogmático. Son descubiertos como “irrebasables” en la posible reflexión del que argumenta que no puede negarlos sin cometer una autocontradicción performativa. Estos presupuestos

incluyen las normas procedimentales del discurso, siendo el principio ético básico que Apel reconstruye el de la exigencia de intentar la resolución de conflictos de intereses mediante el intercambio dialógico argumentativo orientado a la obtención de consenso. Pero no meramente el consenso de los que participan en el discurso fáctico sino el de todos los posibles afectados por las consecuencias de los cursos de acción sobre los que se decide (principio del consenso contrafáctico de un discurso ideal)4.

Los principios regulativos de la ética del discurso no están prescritos por las convenciones particulares de la tradición democrática occidental puesto que, en todo caso, han de ser confirmados por la reflexión trascendental. Por ello, la posibilidad de una fundamentación de la ética universal depende de una actitud tan crítica respecto del peligro del centrismo cultural como de la tentación a la capitulación de la razón ante el relativismo o el particularismo. Precisamente por ello la razón filosófica puede servir para defender la legitimidad de la democracia occidental en los discursos intersubjetivos5

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